La sexualidad de los adolescentes es la más problemática. Están en un periodo de maduración marcado por cambios en su cuerpo, sobre todo en el caso de las chicas. También es una época en la que intentan construirse a sí mismos, adquirir una identidad, tener puntos de referencia para crecer. Es una época en la que el amor es la materia de los sueños. Desgraciadamente, en esta época, en la que son fácilmente influenciables, en la que se les empuja a experimentar sexualmente mediante la difusión de pornografía, los programas de sensibilización sobre « salud sexual y reproductiva », la distribución de preservativos, etc.

Cuando los adolescentes (chicas o chicos) inician una relación sexual, nunca lo hacen con vistas al matrimonio. Lo hacen para afirmarse, para ser como los demás, para mostrar sus habilidades, para ser apreciados por sus compañeros. Es bastante frecuente que adolescentes y jóvenes se vean arrastradas a mantener relaciones sexuales porque no han aprendido que pueden decir que no, o para no ser mal vistas por su pareja o por otras chicas, para no perder sus novios, para que no piensen que no los quieren, para no ser abandonadas, etc. Así que es perfectamente normal que, en estas condiciones, los romances de las adolescentes duren poco, que vayan de una relación a otra, sin amor y sin satisfacción, limitándose a la búsqueda del placer.

Y, sin embargo, se dan cuenta de que el amor no es un juego. Les cuesta más soportar las decepciones amorosas y las demás consecuencias de su sexualidad: embarazos, abortos, SIDA, enfermedades. Al hacerlo, socavan los cimientos que les permitirían tener confianza, amar de verdad, permanecer fieles y prever con serenidad el matrimonio en el futuro.

Los jóvenes deben saber que hay un tiempo para todo. Deben tomarse el tiempo necesario para construirse a sí mismos mientras son jóvenes, haciendo amigos y eligiéndolos con cuidado. Cuando uno no se ha construido a sí mismo, es difícil construir algo con otra persona, especialmente con una pareja que tampoco se ha construido a sí misma. Por eso es importante saber gestionar bien tus sentimientos y deseos si quieres tener una juventud y un matrimonio exitosos.

He aquí el elocuente testimonio de West Christopher, cuya conclusión es la misma para muchos jóvenes que hacen una sincera introspección sobre su vida sexual: « Al crecer en la fe católica en los años 70 y 80, tenía muchas preguntas y objeciones sobre la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad y el matrimonio. Cuando las hormonas empezaron a afectarme, todo lo que me habían enseñado sobre la importancia de "mantenerse puro" casi desapareció. En los años siguientes, mi comportamiento sexual dejaría huella en mi vida.

Como estudiante universitario de primer año, me encontré en una profunda y dolorosa confusión sobre mi identidad masculina. No podía negar que gran parte de este dolor y confusión procedían de mi comportamiento y mis hábitos sexuales. La promiscuidad sexual generalizada de la vida en las residencias universitarias no hacía sino amplificar mi malestar.

Las "conquistas sexuales" que todos nos contábamos – exagerándolas, por supuesto – me abrieron los ojos a la fealdad de la que son capaces los hombres. Detrás de cada una de estas "conquistas", una mujer era utilizada y luego desechada. Pero a nadie parecía importarle.

Un día, en uno de los dormitorios, asistí a una fiesta que se me fue de las manos. (Olvidé mencionar que era una universidad católica). Para mí, se había cruzado el punto de no retorno. Aquella experiencia me atormentaba: ¿cómo podía un hombre tratar así a una mujer, como si no fuera más que una "cosa" que utilizar para su placer sexual? Cuanto más me hacía esta pregunta, más sentía que, de hecho, iba directamente dirigida a mí.

Nunca he violado a nadie, me dije. Pero ¿soy tan diferente de este tipo en la forma en que trato a las mujeres, en pensamiento y obra? ¿No estoy también utilizando a mi novia para satisfacer mi placer sexual? Cuando acepté ser sincero conmigo mismo, tuve que concluir que no era mucho mejor que este violador.

Durante este periodo de profundo autocuestionamiento, me enfadé con Dios. Tú fuiste quien dio esas hormonas a los hombres -protesté-. Y nos están causando un montón de problemas, ¡por no decir otra cosa! ¿Qué se supone que debo hacer con ellas? Quiero saber la verdad. ¿Qué sentido tiene el sexo? ¿Y qué significa ser un hombre?"

Esta oración me lanzó a descubrir la verdad sobre la sexualidad. Cristo dijo: "Buscad y hallaréis" (Mt 7, 7). Así que busqué. Y lo que finalmente encontré fueron los escritos de Juan Pablo II. Se trataba de un hombre que pensaba de nuevo y presentaba la doctrina de la Iglesia sobre la sexualidad y el matrimonio de un modo luminoso y sumamente original. Su obra ha abierto el camino a una nueva "revolución sexual" que promete ofrecer lo que la anterior no pudo, a saber, la verdadera satisfacción del deseo que nos pone a todos en movimiento: amar y ser amados » [1].

 

Nota : 

[1] West Christopher, Bonnes Nouvelles Sur le Sexe et le Mariage, Éditions de l'Emmanuel, 2013. Extracto de la introducción del libro en amazon.fr


Autor : Padre Kizito NIKIEMA, sacerdote de la archidiócesis de Uagadugú (Burkina Faso).
Traducción: Hermana Viviane COMPAORE.


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