La Biblia se abre con el relato de la creación del universo en siete días. Es importante señalar que, para los demás elementos de la naturaleza, Dios habla y la cosa existe. Por ejemplo: « Dijo Dios: "Haya luz", y hubo luz » (Gn 1, 3). O « Dijo Dios: "Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco"; y así fue » (Gn 1, 9).

Pero a la hora de crear al hombre, el planteamiento fue muy diferente. Leemos: « Y dijo Dios: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra". Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra" » (Gn 1, 26-28).

Este pasaje pone de relieve varios rasgos característicos del hombre:

  • su creación fue, por así decirlo, el resultado de la consulta entre las Personas de la Santísima Trinidad: « Hagamos al ser humano ... » ;

  • el hombre ha sido creado a « imagen y semejanza » de Dios, a diferencia de las plantas, los animales, los minerales, etc.;

  • la vocación del hombre es dominar a todos los animales;

  • el hombre fue creado varón y mujer;

  • el hombre y la mujer son bendecidos por Dios y están llamados a ser fecundos.

De ello se deduce que todo lo que concierne al hombre y a la mujer debe tener en cuenta el plan de Dios, su vocación terrena y sobrenatural, porque después de la muerte el hombre vuelve a Dios para ser juzgado, cada uno según sus obras. En particular, en materia de sexualidad, ninguna persona debe ser considerada únicamente como objeto de placer. Y el placer sexual no puede buscarse simplemente porque queremos complacernos a nosotros mismos, sin ninguna consideración por el cielo y sin ninguna consideración por la grandeza del hombre y de la mujer.


Autor : Padre Kizito NIKIEMA, sacerdote de la archidiócesis de Uagadugú (Burkina Faso).
Traducción: Hermana Viviane COMPAORE.


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