Justo en medio de la Biblia se encuentra el libro del « Cantar de los cantares », que significa el himno más bello de todos los himnos, el poema más bello de todos los poemas. Y este Cantar de los cantares relata las palabras de dos amantes. He aquí algunos extractos:

Cantar de los cantares, de Salomón.
Que me bese con los besos de su boca!
Mejores son que el vino tus amores;
mejores al olfato tus perfumes;
ungüento derramado es tu nombre,
por eso te aman las doncellas.
Llévame en pos de ti: ¡Corramos!
El Rey me ha introducido en sus mansiones;
por ti exultaremos y nos alegraremos.
Evocaremos tus amores más que el vino;
¡con qué razón eres amado! (Ct 1, 1-4)

– ¡Qué bella eres, amada mía, ¡qué bella eres!
¡Palomas son tus ojos!
– ¡Qué hermoso eres, amado mío,
qué delicioso!
Puro verdor es nuestro lecho. (Ct 1, 15-16)

¡Qué bella eres, amada mía,
qué bella eres!
Palomas son tus ojos a través de tu velo;
tu melena, cual rebaño de cabras,
que ondulan por el monte Galaad.
Tus labios, una cinta de escarlata,
tu hablar, encantador.
Tus mejillas, como cortes de granada
a través de tu velo.
Tu cuello, la torre de David,
erigida para trofeos:
mil escudos penden de ella,
todos paveses de valientes. (Ct 4, 1.3-4)

Mi amado es fúlgido y rubio,
distinguido entre diez mil.
Su cabeza es oro, oro puro;
sus guedejas, racimos de palmera,
negras como el cuervo.
Sus ojos como palomas
junto a arroyos de agua,
bañándose en leche,
posadas junto a un estanque.
Su paladar, dulcísimo,
y todo él, un encanto.
Así es mi amado,
así mi amigo,
hijas de Jerusalén (Ct 5, 10-12.16).

Todo el Cantar de los cantares se encuentra en vuestras Biblias. La lección que hay que aprender es que el sentimiento del amor no es ajeno al lenguaje de Dios. Amar y ser amado está inscrito en el corazón humano. Estar enamorado es natural y normal. Puede ser una fuente de plenitud, pero también puede conducir a una gran decepción. Y Dios quiere que seamos felices. Por eso nos da salvaguardias para protegernos de la decepción, de las experiencias amargas del amor. Si no las tenemos en cuenta, tarde o temprano acabaremos arrepintiéndonos.


Autor : Padre Kizito NIKIEMA, sacerdote de la archidiócesis de Uagadugú (Burkina Faso).
Traducción: Hermana Viviane COMPAORE.


 

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